Todos los días de su vida

Todos los días de su vida se despertaba con la sensación de angustia en el pecho. Algunos, incluso, era el propio dolor el que le arrancaba del sueño. Normalmente no conseguía calmarse hasta pasados unos minutos, después de levantarse y lavarse la cara con agua helada. Si tenía suerte conseguía volverse a dormir; casi siempre de forma ligera, cuando no, se sentaba en la silla de la cocina a contemplar el reloj. Al dar este las 7 de la mañana, abría la cafetera, vertía la moca y la ponía al fuego. El único momento que recordaba agradable era el de respirar aquel aroma caliente. Al meterse en la ducha se sentía libre. Despojada del peso de su ropa se frotaba el cuerpo con fuerza, se arañaba los brazos, las piernas, las costillas. El agua que corría por sus muslos le hacía cosquillas.

Llegaba al trabajo a las nueve menos dos minutos, siempre a la misma hora. Todos los días de su vida tenía que soportar que la miraran de arriba a abajo al entrar por la puerta, cómo unos ojos -nada discretos- se fijaban en su trasero cuando se levantaba de la silla. La jornada laboral, tediosa y aburrida, acababa con dolor en su cabeza, ya ardiente a causa del sueño y el cansancio.

El camino de vuelta a casa lo hacía andando. En invierno le daba miedo la oscuridad de su calle casi deshabitada. Siempre tenía la sensación de ser perseguida por alguien, pero se decía a sí misma que debía ser valiente mientras aligeraba el paso. Justo antes de entrar a su portal, todos los días de su vida, en la esquina del edificio gris, escuchaba aquella voz que le gritaba palabras soeces. Subía las escaleras corriendo, el corazón acelerado, y al cerrar la puerta lloraba en silencio.

Se sentía violada, vulnerada, sola, triste y frágil, y esto le ocurría, uno tras otro, todos los días de su vida.

Andrea

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Querida yo de la actualidad

Querida yo de la actualidad:

Lo primero de todo: CÁLMATE. Deja de agobiarte por absolutamente todo. Parece mentira, con lo que tú eres.

Perdona por la sinceridad pero creo que, llegadas a este punto, es estrictamente necesario que te hable así.

Eres una egoísta, y lo peor es que lo eres contigo misma. ¿Quieres dejar de una vez de anteponer a todo el mundo antes que a ti? Tienes que plantearte pensar un poco más en tu bienestar en vez de en el del resto; cuidarte más por dentro, relajarte.

La autocrítica es muy necesaria, en eso estamos de acuerdo, pero se convierte en insana cuando todo lo que haces tú está mal hecho y lo de los demás es maravilloso. Tú eres buena persona, inteligente, cariñosa, y un largo etcétera que no quiero continuar porque como dijo Oscar Wilde en El retrato de Dorian Grey «definirse es limitarse», y a propósito de limitaciones….deja de creerte menos de lo que eres, por favor.

Vive por ti y solo por ti, que ya es hora. Deja de lado la toxicidad, como entenderás, te haces un flaco favor y, como te he dicho al principio, cálmate, respira, cuenta hasta tres antes de actuar.

Mi último consejo, sé quien tú eres y no quién te dictan los demás.

Sinceramente,

Andrea

Caída libre ralentizada.

Normalmente hubiera sido rapidísmo. En un abrir y cerrar de ojos se estaría dando contra el suelo. Las consecuencias, sin embargo, seguían siendo las mismas: dos costillas rotas, sangre en el labio, rasguños por todo el cuerpo y, lo peor, moratones en el corazón.

El proceso es lo que le extrañaba. Cuando te caes por un precipicio esperas que acabe cuanto antes ¿no? Sin embargo transcurrió mucho tiempo en que llegara el momento, tanto que incluso llegó a pensar que no le iba a pasar nada. Se equivocó. Como siempre, se equivocó.

Andrea

Un segundo antes.

Es tan solo un instante antes de actuar cuando se te plantean infinitas dudas. ¿Qué pasará si…? Sin embargo decides seguir adelante y te comprometes contigo misma. El pacto de la vida, ese que firmas cuando naces y que luchas por no romper nunca. Estás a un segundo de saber que has tomado la decisión correcta porque en el fondo sabes que merece la pena. Desde la primera que lo ves reconoces que es el paso adecuado. Y lo asumes, ya es hora de darlo y descubrir que en sus adentros encontrarás la felicidad más absoluta.

Andrea

Manifiesto: Ángel.

El día 25 de aquel mes impregnaste mis entrañas con tu ángel y ahora tengo el olor tatuado en mi piel. Froto y araño con las uñas de mis dedos pero sigue ahí, recordándome a ti.

¡Basta de mentiras!

Ni quiero ni puedo hacerlo.

“Abres los ojos, la belleza y perfección más absolutas te golpean en la cara. Sonríes porque te sientes protegida, segura, radiante de felicidad”.

Esto es un manifiesto. Llorar por ti, reir contigo, reir por ti, llorar contigo. Me da igual. Y si tengo que pelear por ti, peleo. Porque te quiero a mi lado, porque estoy harta de echarte de menos.

“Echar de menos es verte, quererte y no poder tenerte”.

No sé si habrás dado cuenta ya, a veces soy muy rebuscada y, últimamente, te he decepcionado un poco.

Necesito volver a sentir ese ángel y que permanezca en mi cuarto durante los días siguientes. No te miento cuando te digo que de verdad lo necesito.

Andrea

Te leo a ti.

Me apasiona leer. Leo por trabajo y también por placer pero, desde luego, puedo afirmar que no hay mejor lectura que la que hago de tu cuerpo desnudo entre mis sábanas. En ti leo tu templanza, tu serenidad, tus divagaciones y tus ganas de sentir. Leo las carcajadas que salen por tu boca, la armonia entre las partes de tu estructura física. Conocer cada recoveco de ti es mi mayor obsesión.

Andrea

Si tú sí estás aquí.

Tú me preguntas cómo se puede echar de menos a alguien a quien ves todos los días, a alguien que sigue tan presente en tu vida.

A esto yo te respondo que echar de menos no significa desear lo que ya nunca más vas a volver a ver. Echar de menos es verte, quererte y no poder tenerte.

Andrea

Yo, yo, y después, yo otra vez.

Oler las paredes puede parecer la mayor de las locuras, pero cuando estoy nerviosa es lo único que me calma.

Últimamente no tengo la sensación de que mi piel entre en contacto con el agua cuando me meto en la ducha. Es como si de repente me hubiera vuelto impermeable.

Al terminarme un vaso de leche con cacao meto la lengua en el vaso para rebañar bien todo el chocolate. Un día, sin querer, se hizo vacío y tuve que romper el vaso con un martillo. Me hice una raja en el labio y empezó a salir una sangre que me resultó mucho más agradable que el sabor del chocolate.

Mirar la vida a través de un agujero formado con una hoja de papel enrollada me produce mucho dolor de cabeza pero también me hace fijarme en los pequeños detalles.

¿Por qué nunca me escuchas? ¿No ves que constantemente estoy  intentando llamar tu atención? Grito y grito pero nunca nadie me oye.

Andrea

Práctico, hábil, experimentado.

De toi j’ai appris que la douleur peut être agréable si l’on blesse avec passion.

Cierras los ojos. ¿Sientes cómo va entrando el oxígeno a tus pulmones? Cada vez más apresurado y breve, el corazón se acelera. La exaltación te azota como un calambre desde los pies hasta la cabeza. Notas la boca seca, la saliva empieza a escasear a causa de la apertura de tu boca. Intentas zafarte pero no puedes, la presión sobre tus manos es mayor que la fuerza que intentas sacar. Te relajas, te quedas parada, en silencio.

Abres los ojos, la belleza y perfección más absolutas te golpean en la cara. Sonríes porque te sientes protegida, segura, radiante de felicidad. Te ríes, jadeas. Y todo vuelve a empezar.

Andrea

La maldad desde tus entrañas

¿Sabes esa sensación de repulsa cuando hueles el vómito? Sí, esa que sientes subir del estómago a la boca y te produce ganas de vomitar a ti también. Pues para que te hagas una idea, es la que tengo cuando te veo.

Las larvas que salían de tu boca cuando hablabas me advertían de la podredumbre de tu interior.

Aquella estantería de mala madera debe estar repleta de premios Goya, uno por cada interpretación en la que jurabas que me querías.

En realidad me das pena. Pobre de ti, qué solo te vas a quedar…

Andrea